divendres, 9 de maig de 2014

EL MUERTO AL HOYO Y EL VIVO AL BOLLO



El dicho tiene variantes más explícitas. Al vivo la hogaza y al muerto la mortaja. O también, el muerto a la huesa y el vivo a la mesa. Acabo con un práctico Después de muerto ni viña ni huerto. Los seres humanos tenemos una tendencia a la rimbombancia, intentamos envolver la muerte en un manto de trascendencia que ella se despoja a ritmo de dicho.
Pérdida irreparable. No podrá cubrirse nunca su hueco. No le olvidaremos. Sentencias de tanatorio que intentan aferrar al finado al yugo de los vivos. La cosa es tan sencilla como que un minuto nuestro motor bombea perfectamente y al minuto siguiente se para. Un tema de mecánica, no más. Como el cuerpo se descompone pues es necesario abandonarlo con un fogonazo o introduciéndolo en un nicho, lo que sea más del agrado de los descendientes que disponen sobre la materia inerte. Un tema de sanidad, no más. La herencia tiene que repartirse entre los que quedan en esta bendita tierra y no pocos litigios generan los muertos después de muertos. Un tema jurídico, no más. El recuerdo del difunto es libre, la utilización del mismo igual, las enseñanzas y los reproches, ídem de ídem. Un tema de utilidad, no más.
Jollivú ha demostrado ser una escuela de superación de la muerte. El caso de Paul Walker, el prota de la saga Fast&Furious, es el paradigma. En la gran pantalla uno corre a toda pastilla y siempre se sale con la suya (faltaría plus), en la vida, uno pisa más de la cuenta el acelerador y además de una recetita de la guardia civil se puede encontrar con el fin de sus días en una curva más cerrada de lo que esperaba. Pues nada, que el idolatrado Walker se la pegó y palmó. 

Hermanos Walker (a la izquiera los bollos, a la derecha el hoyo)

La séptima entrega de la saga estaba a medio hacer y después del correspondiente duelo (imagino que todos los tópicos de tanatorio se agotaron en su funeral), los productores decidieron que había que rentabilizar el dinero invertido (140 millones de euros) fuese como fuese. El muerto al hoyo y los vivos (en este caso, sus hermanos Cody y Caleb que encarnarán al fallecido en unas cuantas escenas que faltaban) al bollo. Lo que hay al otro lado de la orilla sigue intimidando, somos bichos con sensación de trascendencia y eso no desaparece así como así. Pensamos que los muertos nos siguen espiando por un agujerito y hay que justicar el bollo que nos comemos. Puede que influya en mis teorías que el otro día me tragué Ghost. Otro tópico ha resbalado por la boca de los hermanos sustitutos: “Esto es lo que Paul hubiese querido que hiciésemos.” A mí solo me queda responder: Of course. Lástima que cuando pienso en los 140 millones de dólares se me destiñan los gestos reparadores.
Descansen en paz.

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