dimarts, 22 d’octubre de 2013

HIJO DE ASESINO O HIJO DE HÉROE



Cada año se me acercan uno o dos pipiolos con la misma cantinela. Algunos lo hacen sinceramente, porque les nace de sus experiencias, otros, como arma pelotera con la que conquistar al profe de Sociales con un comentario que pueda enternecerlo de cara a los exámenes (mira que soy mal pensado, por eso acierto mucho).

-              -Profe, a mí me gusta mucho la Historia.

También puedo adivinar sin mucho riesgo lo que sigue después. Para corroborar su amor loco por el curso de los tiempos pasados me montan una exhibición de conocimientos sobre el período sobre el que han proyectado su platonismo. El seductor Imperio Romano (legiones, bacanales, emperadores díscolos, conquistas, gladiadores…) va a la cabeza pero también he conocido viciosos de Egipto y sus faraones o pirrados por los conflictos bélicos. No falta un provocador que se declara seguidor de Hitler (o en versión spanish que afirma con descaro que con Franco vivíamos mejor sin haber existido en la dictadura). Su exacerbada admiración por la Historia me suele oler a chamusquina (siempre malpensando, cómo eres). No desmonto a bazocazos la noche de Reyes de los enamorados de mi disciplina, dejo que sigan viviendo el idilio hasta que en las primeras estribaciones científicas comprueben con sus propios ojos que aquello que ellos veneraban como Historia podría ser traducido por Literatura o Cine o una mezcla de ambos.
La Historia suele tener dos filos, uno cortante (el de los vencedores, que dejan sus testimonios) y otro romo (el de los vencidos, la mayoría silenciosa que hay que rastrear para darle voz). La interpretación de los hechos del pasado corresponde a los historiadores que esclavos de su ideología y de sus prejuicios barren para el lado que más les conviene. La investigación de las fuentes (directas e indirectas) es a veces jeroglífica y capciosa, abundan las trampas que pretenden construir una autopista recta que recala en los intereses del presente. Eso explica que por muchas reformas educativas que se implanten ninguna suprime la Ciencias Sociales, pese al asedio de los conocimientos técnicos, resistimos (otra cosa son los filósofos que ya han sido declarados inservibles, no interesa que los alumnos se les ocurra pensar o saber lo que se ha pensado). No llevarse a engaño, una cosa es que nos dejen dar Historia y otra muy diferente es qué Historia quieren que demos (no se olviden de las jóvenes peperos de Castellón). Concluyendo, la Historia no es única, ni unidireccional, ni fácil (malo cuando lo parece), ni inocua.

Para ilustrar la dificultad que tiene la interpretación de la Historia les recomiendo la entrevista que le hizo el Jot Down a Wolf Murmelstein, hijo del dirigente judío del campo de concentración de Terezin (antigua Checoslovaquia). La Historia (después del holocausto muy favorable a los judíos) sentenció a Benjamín Murmelstein (el padre del entrevistado) como colaboracionista del régimen de Hitler. La justicia no pudo probarlo pero vivió con el estigma hasta su muerte en Roma en 1989. Su hijo explica otra Historia, lo que parecía claramente blanco, él lo refiere como negro. El colaboracionismo (hasta con el famoso Einchmann banalizado por Hanna Arentdt), el hijo del interesado la convierte en salvación de su pueblo. ¿Lo exculpa por un ciego amor filial? ¿Realmente sucedió así?  
La Historia es difícil pero muy útil para manipuladores y buscadores de la verdad. Cuando empiezo a formularles preguntas afiladas a mis alumnos sobre esos hechos indiscutibles que amaban como una esposa fiel, se desencantan y le ponen los cuernos por otra disciplina menos ambigua. Así es el amor, así es la Historia.   

1 comentari:

  1. No somos imparciales, ni fueron quienes nos formaron, ni son quienes forman a nuestros hijos. La verdad absoluta no la tenemos y, en cuestión de HISTORIA, ¡¡Nos han contado cada milonga!!
    Soy más de ciencias.
    Un besote.

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