dijous, 10 d’octubre de 2013

MALTRATO INTELECTUAL



Hay ciento noventa y tres especies vivientes de simios y monos. Ciento noventa y dos de ellas están cubiertas de pelo. La excepción la  constituye un mono desnudo que se ha puesto a sí mismo el nombre de Homo sapiens. Esta rara y floreciente especie pasa una gran parte de su tiempo estudiando sus más altas motivaciones, y una cantidad de tiempo igual ignorando concienzudamente las fundamentales. Se muestra orgulloso de poseer el mayor cerebro de todos los primates, pero procura ocultar la circunstancia de que tiene también el mayor pene, y prefiere atribuir injustamente ese honor al vigoroso gorila.   
                                 Desmond Morris, zoólogo y etólogo inglés.

Una de las provocaciones que no me perdonan mis alumnos es que los tilde (qué has dicho, profe) de intelectuales. Se remueven en sus sillas de puro regodeo. ¿Homo cogitans? No, no, por favor, ellos quieren ser Homo mecanicus. Dinos lo que tenemos que leer, dinos lo que tenemos que poner, dinos lo que tenemos que copiar, dinos lo que tenemos que hacer, dinos, dinos, dinos…. De vez en cuando también prodigo el insulto a los colegas que me rodean y sin tanta pasión pero con la misma modestia no se encuentran a gusto con la gabardina intelectual. Los entiendo, se pasan el día rellenando formularios, copiando y pegando, amonestando por los pasillos a los “niños” intelectuales que se zurran como primates, obedeciendo órdenes de los burócratas (enemigos confesos del cogitans) o de los tecnócratas (la informática como boutade que esfume la reflexión en aras del artificio y las lucecitas de colores). Los profesores hacemos de vigilantes, de niñeras, de porteros, de curanderos, de paseadores, de todo menos lo que tenemos que hacer.


No tienen escrúpulos los rectores educativos en incrementar las horas lectivas de los docentes. Más presencialidad, más desgaste, menos tiempo de preparación y formación. Nos acercan a los tiempos preindustriales, nos degradan de condición y nos recortan el sueldo para que ni se nos ocurra viajar o leer o ir al teatro. Y mucho menos, creernos intelectuales cuando en el fondo somos menestrales que saben leer.
¿Quién puede frenar este declive pronunciado en que nos están metiendo los dueños del mundo? ¿Quién tiene capacidad para coger el timón y cambiar el rumbo? Los que piensan, of course. Hay que tomar medidas para que no suceda. O los compramos (anuncio significativo del Banco de Sabadell en que conversan personalidades destacadas poniendo su vida y sus experiencias al servicio de los coleccionabilletes) o los asfixiamos (horas y más horas de clase, recortes de sueldo y estrecha vigilancia de kapos sin dos dedos de frente pero con látigo).
Gallardón, ¿para cuándo incluir el maltrato intelectual en el código penal? Si la Iglesia no lo pide, nastic de plastic.  

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