dijous, 17 d’octubre de 2013

LA LUZ AL FINAL DEL TÚNEL



De Guindos tiene razón, Bañez también, Montoro ídem de ídem. Acabo el recorrido haciendo justicia a nuestro plasmático y vilipendiado presidente. Toda la desconfianza que había en el ambiente era fruto de rojos resentidos y sus voceros (Wyoming vete buscando asilo en Ucrania porque van a por ti). Se tendrán que tragar las  toneladas de sorna con el tema de los brotes verdes, han intentado hundir España con su mala fe pero no lo han conseguido. La economía española repunta. Habéis leído bien. Doy fe y no me moverán, tengo pruebas.

Los especuladores inmobiliarios aprovecharon la coyuntura para forrarse y los cabritos de los yankees nos metieron en un buen embolado con las hipotecas basura. Zapatero y sus mentiras ensombrecieron el milagro económico aznariano. Pero la luz de la esperanza alumbra al final del túnel. El buen hacer (tal vez este verbo es muy exagerado para Rajoy) de los gurús económicos populares y sus medidas revolucionarias nos han rescatado de un estrangulamiento económico seguro. ¿Y esas caras?  Ya se acabó, amigos. No sufran ni un minuto más. No hagan caso de los comedores sociales y sus colas (haraganes que no quieren pegar un palo al agua). No se dejen engatusar por esos seis millones que dicen que no tienen empleo (Soraya ha bajado la estadística en un plis plas). ¿Los niños desnutridos? Miserables que utilizan a sus hijos para conseguir subvenciones. Ya conocen ustedes la picaresca y sus múltiples morfologías.
¿En qué me baso para afirmar con tal rotundidad que la economía española va hecha un cohete? ¿En los datos del turismo? No, vamos bien, los rusos y los alemanes se gastan chorrones de pasta pero no es el motivo de que se haya revocado la tendencia negativa. ¿El comercio exterior? No, tampoco. ¿Tecnología puntera? Caliente, caliente. ¿Las denuncias de los científicos? ¿La reducción de los presupuestos dedicados a la investigación? No hagan caso, cuatro enchufados que no habían descubierto nada en veinte años.
Los supongo en ascuas. Soy muy observador y aprecié hace unos meses que se instalaban en mi ciudad de forma discreta. Un pequeño local, un empleado, una infraestructura sencilla. En pocos días aquel chiringuito se había convertido en un negocio floreciente con una demanda creciente.  Colas ciudadanos solicitaban el producto como si les fuera en ello la vida. ¡Qué pelotazo! Dos meses después ya hay cinco sucursales y el sector no parece tener techo. Si tienen un eurillo que les sobre (ya, quién pudiera ahorrar), no duden en invertirlo en acciones de empresas que fabriquen el cigarrillo electrónico. ¿Qué ya les engañaron con las preferentes? Esto no tiene punto de comparación, lo puede comprobar con sus propios ojos, hasta jovenzuelos barbilampiños han dejado el vicio de sus tatarabuelos para chupetear un trozo de plástico. ¿Qué en cuatro días pasará la moda y no quedará ni una tienda abierta? No creo, nosotros no tropezamos cien veces en la misma piedra. 

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