dimarts, 8 d’octubre de 2013

MALDITO CUBO DE RUBIK



Nunca he podido con él, lo confieso para que se sepa y para que puedan lanzarme dardos a la diana de mi torpeza. Le daba vueltas y vueltas y no sacaba en claro cuál era la lógica que alineaba los cuadraditos con su color correspondiente. Pues lo mismo me pasa con las encuestas que reflejan un repunte en la intención de voto hacia el PP. 

Dicen los analistas (rubikeros de pro) que el escándalo Bárcenas ya se ha camuflado debajo del felpudo y que el tema de los separatistas catalanes empuja a las gaviotas a la mayoría parlamentaria. No me convence, tiene que haber algo más, con esas explicaciones no ligo más de una cara del cubo. La gestión del cejudo Zapatero y del Sincredibilidad Pérez (me parezco ya a doña Celia) no ofrecen alternativa al votante. No me vale tampoco. La posible vuelta del ínclito Aznar o los chascarrillos de Intereconomía no pueden ser elementos a tener en cuenta en un cambio de tendencia que me produce escalofríos. No entiendo cómo se puede votar a un partido político (a no ser que se viva de él, considero exagerado que lo haga un 30%) en el que sus dirigentes se han embolsado sobresueldos mientras a los paganini se les hacía ERES, se les bajaban las pensiones, se les subía el IVA y otras tropelías por el estilo. ¿Será el maldito síndrome de Estocolmo? 
He seguido dándole vueltas a mi cabolo hasta que esta mañana he visto la luz en los titulares del diario que me acompaña mientras mojo el croissant en el café con leche. ¡Eureka!
Más del 65% de los españolitos de entre 16 y 65 años tienen una comprensión lectora deleznable. No son capaces de entender una estadística ni un texto ni  diferenciar un huevo de una castaña (esto lo añado yo preso de la indignación), o sea, a Rajoy de un presidente de gobierno. Si les dicen brotes verdes aunque el paro esté en el 27% ellos confían a pies juntillas que en cuatro días volverán las milagrosas burbujas de la abundancia. Si el Fraguel Mayor Montoro con su voz atiplada y chulesca anuncia que estos son los presupuestos de la recuperación como no tienen ni zorra idea de interpretar una infografía o de cruzar las cifras que tienen más de cuatro ceros, se lo creen y siguen viviendo en la hinopia. Da igual que algunos economistas se esfuercen en explicar que las previsiones de crecimiento del gobierno quedarán obsoletas (palabro trágico para el 65% de la población que vota) en tres meses y que tendrán que volver a sacar las tijeras los inventores de los brotes verdes en diferido.
Y las generaciones que siguen no mejoran los resultados de sus padres y sus abuelos. Esperen a los resultados de diciembre con el dichoso PISA. Otra vez a la cola (culo) del mundo civilizado. ¿Y por qué esta desidia colectiva por leer y entender? No hay trabajo, no future, no dinero fácil,  para qué devanarse (uaggggg) los sesos,  mejor disparar chorradas por watsap a todas horas.
Cuando se hagan públicos los resultados del PISA Pipiolos la minoría que confía en la lectura como escudo protector contra la zafiedad y la mentira (un servidor) entrará en depresión como resultado de la contemplación cotidiana de una realidad grotesca. La otra minoría, la que se enriquece a costa de las mayorías analfabetas que engordan las urnas del desconocimiento, se frotará las manos porque España (sin duda) va bien (para algunos).   

4 comentaris:

  1. Has dado en el clavo!! Desde que era pequeñita (va para largo, conocí la dictadura) siempre me extrañó el interés de los gobernantes por el desinterés de "la plebe" en aprender. De mayor entendí, que no hay nada más manejable que un pueblo inculto. Ahora nos dicen que las cosas mejoran y no necesitamos más economistas ni más números ¡ Conseguirán salvarnos de esta crisis, tenemos que darles tiempo...cuatro años más!!
    Yo nunca conseguí ni una cara del dichoso cubito (tampoco puse mucho empeño).
    Un besote.

    ResponElimina
  2. Bienvenida al club de damnificados por el cubo de Rubik. Ya vendrá un neurocientífico que nos explicará esa incapacidad tan característica. Otro besote de vuelta.

    ResponElimina