dimarts, 5 d’agost de 2014

BRENDECILLOS



Escuché renegar del realismo mágico a la gran escritora colombiana Laura Restrepo en un curso de la UIMP en el incomparable marco del palacio de  la Magdalena. No les ocultaré que me escoció, yo tenía sublimado a Gabo y sus secuaces pero es que Laura expuso con buen criterio que al albur del éxito la magia se había transformado en un ejercicio vulgar, incluso arriesgó a decir que la realidad que se vive en el cono sur es más creativa que el repetitivo ejercicio literario.
De forma mágica cayó en mis manos Amores peregrinos. Nada de ir a la estantería de una librería (cibernética o física) y enamorarse de una tapa o de un autor. Por arte de birlibirloque el creador  FRANCISCO MARCOS HERRERO (las mayúsculas están acorde con su talento) me hizo llegar la criaturita. No necesité más de cinco hojas para trasladarme a un Macondo autóctono (Brendecillos lo podría situar en el corazón de la España profunda). Cuántos kilos de carne cruda habrá ingerido el escritor para vomitar semejante exhibición de endemismo y ancestros. 


Un desfile de personajes que despistan la lógica y se multiplican en el limbo de lo imposible. Una exhibición semántica (el diccionario bien cerquita para precisar significados y buscar otras palabras recién descubiertas). Una trama que se bandea entre las pasiones y sus excesos, la indignación frente a un poder taimado que engaña y destruye. De la más frágil dulzura al estrepitoso bestialismo. Y todo visto por una narrador inválido, inutilizado desde casi el principio. Mira, siente y presiente, interpreta, huele, barrunta, y en perfecta simbiosis, lo traslada al lector que se estremece con el relato de unas fuerzas invisibles que mueven los títeres. La vida encriptada.
No lo tienen fácil, esta perla no está cerca de ustedes, si la quieren, gánensela.  

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