dimarts, 24 de febrer de 2015

RADICAL E INTRANSIGENTE



Radical es aquello que se refiere a la esencia o a los más profundo de algo. Los árboles no pueden renunciar a sus raíces, al canal por el que reciben el alimento para crecer. Adjunten el adjetivo radical a cualquier sustantivo de la realidad actual y verán que pronto a su alrededor florecen caras de descontento. Cámbienlo inmediatamente por moderado y verán cómo respira su entorno. Piensen en política y lo entenderán a la primera. Después del susto, seguro que hay algún iluminado que escupe la frase que resume la nueva era de sosiego: los extremos no son buenos. Nuestro cerebro sigue invadido de aristotelismo, el filósofo griego ponía en las dos partes opuestas de un segmento vicios y en el punto medio una virtud, por ejemplo, entre la temeridad y la cobardía se encontraba el valor. Yo propongo colocar en los dos extremos verdades absolutas, irrenunciables, esenciales, en medio, una mentira que resigna a no conseguir la totalidad.
La radicalidad es dolorosa, presuponen los partidarios del medianismo que tendrán que enfrentarse a las renuncias, mejor relajar la cuerda y  moderar las exigencias.  Como las raíces de nuestra moral cotidiana se han descuidado no es de extrañar que se hayan secado las ramas. Lejos de volver sobre los pasos de tan clamoroso error y abocar agua en la tierra esperando una lenta resurrección prefieren explicar el fenómeno de forma exógena. Balones fuera, recriminaciones ambiguas a dioses paganos, mentiras piadosas moderadas pero inútiles.

Light. Eso es lo que triunfa, lo que es sin ser. Raíces de cartón piedra. Sin azúcar y sin sustancia, también sin dolor. Sin principios definidos y con fines negociables. Hoy es así y mañana Dios dirá. La arbitrariedad moral que nos inunda, que nos desconcierta. La verdad en manos del mejor postor o del mercenario más intimidador. Los intereses particulares o generales como brújula. Rosas de Jericó al albedrío del viento. Hay moderados que aguantan perfectamente la falta de agua, no toman decisiones radicales nunca, las ramas se contraen hasta el límite y su autonomía se vincula a la capacidad de adaptarse. Cuando llueve la bonanza cogen volumen y brillan como si hubiesen fertilizado sus raíces. Un espejismo. Qué pasa cuando el universo está plagado de Rosas de Jericó, fácil, la radicalidad es un vicio, un extremo indeseable. Se apela a la transigencia, al consenso, a la negociación, a la buena voluntad, a lo que diga o piense la mayoría. Trampas para forzar la sequía generalizada. Mal de muchos.
Miren como el diccionario deja en ridículo a los pactistas, transigir es consentir en parte con lo que no se cree justo, razonable o verdadero. Como decía el poeta italiano Arturo Graf no tardará en transigir con el fin el que está dispuesto a transigir en los medios.
Si les califican de radicales e intransigentes, agradezcan el piropo.

Cap comentari:

Publica un comentari a l'entrada