divendres, 27 de juny de 2014

IMPRESCINDIBLE



-          - Mamá, he visto al Diablo.
-          - ¿Tú? No me extraña.

Ha muerto Ana María Matute. Después de 88 años de existencia es IMPRESCINDIBLE estudiarla, no tan solo desde el prisma literario sino también desde el humano. No fue una mujer al uso. Desde bien pequeña comenzó a sospechar que el mundo no era como se lo habían contado. Algo no funcionaba. La niña burguesa que veraneaba en un pueblecito de La Rioja despertó del gran engaño. La dureza de la vida de los niños que jugaban con ella no correspondía con su plácida existencia repartida entre Barcelona y Madrid. El gran despertar a la mentira lo vivió durante la guerra civil, ese período en el que la crueldad humana se rebeló descarnada y ella descubrió el rostro de la muerte. Le impactó una víctima de un bombardeo que todavía conservaba en su mano un chusco de pan y una chocolatina, nunca podría comérselo.


Ana María Matute fue una joven rebelde. ¡No llegué virgen al matrimonio! Un triunfo, una contestación a lo que se esperaba de una chica de buena familia (y de las malas también). Encontró acomodo en un círculo epicúreo donde había personajes de la talla de Gil de Biedma, Carlos Barral, Colita, Ana María Moix o Esther Tusquets. Relata ufana en el documental de la 2 que la llamaban “el pequeño cosaco” por su resistencia al “trago”. Una mujer que no se quedaba atrás, con agallas, pero que fue secuestrada por su primer marido que además le hizo pasar las de Caín cuando le retuvo a su hijo por decidir divorciarse en aquella España ultracatólica. Se metió en uno de esos bosques que tanto le gustaban y como allí todo es posible, al final pudo ver un rayo de luz para abandonarlo.

-          -Vosotros tenéis profesores de literatura, pero yo soy la literatura.

Así le presentó en las universidades americanas donde pudo resurgir de un periodo tenebroso. Al volver a España conoció el amor de su vida que junto con el reconocimiento a su obra tras recibir los más prestigiosos premios literarios volvió a levantar el vuelo. Pero sin anuncio previo ni explicación plausible entró durante 18 años en una depresión profunda, en un silencio absoluto imperdonable para una escritora que fue desterrada al olvido. Al final del túnel, cuando parecía recuperada, le estaba esperando otro gran mazado, la muerte de Julio Brocard, su gran amor durante 29 años. Recuerda Ana Mary (así firmaba los cuentos de infancia) su inmensa felicidad compartida y rememora con sus ojillos arrugados y vidriosos lo que él le decía: Te das cuenta Ana María, que hay infinidad de gente en el mundo que se muere sin conocer lo que tú y yo hemos conocido.


La fotógrafa Colita exalta la “hermosura” de la escritora en sus fotografías, una belleza que trasciende a lo físico y que atrae como abejas al panal a los que entraron en contacto con la K mayúscula (su sillón en la Real Academia) del castellano. 
Sobrecoge el cariño que recogió Ana María Matute en el Cervantes del 2010 (tardío, siempre va tarde este país), el afecto del merecimiento se destila por las palabras de todos los que allí asistieron, la gratitud de la mujer que pudo cumplir sus sueños en los personajes que construyó.
Los nuevos tiempos vuelan por la fibra óptica, pero es IMPRESCINDIBLE poner en los nuevos cimientos un poco de esencia de Ana María Matute para que no sean volublemente insustanciales.

2 comentaris:

  1. No tenía el gusto de conocer a esta mujer, es una pena que me entere de su existencia en estas circunstancias.
    Saludos

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