dijous, 12 de juny de 2014

CURRANDO DE MAGNÁNIMO



¿Qué quieres ser de mayor? Bombero, futbolista, político (esto ha sido un virus que se ha instalado últimamente en algunos niños repelentes), médico (como mi padre, siempre hay un niño que quiere seguir la saga de matasanos), guitarrista de rock o modelo, poeta (a estos se les reprende con sarna y se les obliga a reciclarse en conductores de autobús por su peligro evidente), pescador (si no quedan peces), carpintero (el Ikea se ha encargado de exterminarlos), concursante (en cualquier versión grotesca y grosera de Telecinco), informático, profe (desestimado por su riesgo de contraer una tardoadolescencia más virulenta), vendedor ambulante, vendedor de seguros, vendedor de almas… En fin, una larga ristra de profesiones con las que conseguir el sustento. Seguro segurísimo que a ningún adolescente que anda por estos tiempos sumergido en la elección de futuro se ha atrevido a musitar por lo bajini que quiere currar de MAGNÁNIMO. La primera causa se puede atribuir al desconocimiento del significado de la palabrota y la segunda porque una vez averiguado el cometido le resulte tan aberrante que salga corriendo hasta las antípodas para que no se vuelva a hablar del tema.
Aristóteles en su obra Moral de Nicómaco, libro cuarto, capítulo III define las condiciones del trabajo despreciado en la actualidad: 
El magnánimo parece ser el hombre que se siente digno de las cosas más grandes.


Magnánimo es lo contrario de ir tirando, de conformarse con poco, de esperar un golpe de suerte. Magnánimo es proponerse una meta bien alta y no cejar en el empeño de conseguir coronarla. Magnánimo es el antónimo de la indolencia que nos corroe.  Me cruzo con gente que aspira a legislar sobre la ley del mínimo esfuerzo, a transitar por caminos de rosas sin tener que regarlas, hay una confianza ilimitada en la suerte o en el engaño, pero casi nunca en la heroicidad del empeño, la virtud y la constancia. Mis alumnos me piden que se lo ponga fácil, que explique rápido, que no me enrolle, que no les haga comerse la olla, con esos ingredientes es muy poco probable engrandecer el alma hasta convertirla en magna.
El magnánimo está en un extremo con relación a su grandeza misma; pero ocupa el justo medio, porque es como debe de ser; se estima en su justo valor, mientras que los demás, por lo contrario, pecan por exceso o por defecto.

La profesión en desuso no es la de bocazas o la de humilde sin ambición, el puesto de trabajo vacante es el de aquel que cree en sus posibilidades (porque las ha cultivado) y ajusta sus objetivos a la máxima altura que puede alcanzar.
No manifestará en los triunfos una alegría excesiva; ni en los reveses un exceso de abatimiento.
No se puede optar a Magnánimo si eres un veleta que se mueve a merced de los vientos, o un sincriterio que se suma a la última expresión que oye, o si se deja manipular las emociones sociales o por la provocación ostentosa de las propias para incitar a la pena o a la lástima. No se aceptan a los blandengues y a los flojeras, a los que se piensan tanto las cosas que cuando empiezan a ascender en pos de la meta, ésta se ha desteñido de tanto esperar.
No me hagan demasiado caso, ahora empieza el Mundial y los gladiadores de la pelotita nos embobaran lo suficiente para seguir habitando en los bajos fondos de una cotidiana pero confortable existencia. Y si el paro baja en este tiempo de amnesia colectiva no será gracias al aumento de Magnánimos.

2 comentaris:

  1. Ya sé que soy cómoda en este aspecto, pero suelo culpar de muchas cosas al sistema. Igual a NO ser Magnánimos, también nos han enseñado.
    Un besote, me cuesta pasar, pero te sigo.

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