dijous, 4 de setembre de 2014

DESCAMPADO INTELECTUAL



Empecé mal este setiembre. En un arrebato irreflexivo accedí a ver en el You Tube (diabólico invento) una conferencia del filósofo Miguel Morey que llevaba por título SobreNietzsche, el filósofo como artista
Les puedo garantizar que no me he recuperado todavía. El ponente aseguraba que una de las especialidades de Nietzsche era llevar a quien se atrevía a leer sin prejuicios su obra a un descampando intelectual sin coordenadas. En el mundo actual, caracterizado por credos que ofrecen todas las seguridades, es necesario (al menos en mi caso), visitar la intemperie y sentir la desnudez intelectual que conforma nuevos horizontes. Creo que los síntomas de agotamiento de esta civilización que fenece así lo recomiendan.



Se necesita mucha fuerza para poder vivir y poder olvidar en qué medida la vida y el hecho de la injusticia son una misma cosa.

¡Patapam! La sentencia descabalga la rutina cognitiva y empieza a mostrarnos un camino inverso que aterra. La lógica de la manada empieza a resquebrajarse por su raíz. Esos cantos de sirena que nos anuncian recuperaciones económicas falaces o salidas del túnel ficticias no son más que comprimidos de amnesia para reinventar la Historia negando la ristra de desigualdades endémicas desde el inicio de los tiempos.

¿Cuántos esfuerzos necesitó la humanidad  para llegar a la victoria sobre el olvido y para que esos esclavos del instante emocional y apetitivo tuviesen siempre presentes unas cuantas exigencias primitivas de la convivencia social?

Morey recuerda en su magnífica conferencia la imagen que crea Nietzsche sobre la esclavitud del hombre moderno, una soga le deja moverse y creerse libre, pero está atada a un poste que lleva por nombre INSTANTE. La ausencia de memoria (de nostalgia) le impide proyectarse sobre el futuro. La escasez lingüística en la que nos movemos actualmente impide rescatar el pasado en un acto “fantasmagórico” que diría el filósofo alemán. El presentismo proporciona una intolerancia al fracaso que atormenta las mentes humanas hasta dejarlas al borde del precipicio al albur de los antidepresivos. Ahora los anuncian en prime time, la propaganda engaña anuncia que las pistallas son para pensar en positivo.


Nietzsche pretende crear una alternativa a esos animales olvidadizos. Un nuevo ser al que le sea lícito prometer (ya sé que el verbo asusta). Para él, la promesa es la capacidad de poder responder de sí como futuro, da dar la propia palabra para el futuro, de mantenerla en y para el futuro. Es ahí donde Nietzsche cifra todas las esperanzas en la práctica política RESPONSABLE.
Ese nuevo hombre prometedor y comprometido se ha forjado dentro de un mecanismo corporal que no se deja dominar por el autoengaño apolíneo. Sólo lo que no deja de doler queda en la memoria. Las dulces democracias que se sustentan en el olvido del dolor (desaparecidos, campos de concentración, desigualdades) fabrican ciudadanos olvidadizos incapaces de comprometerse con el futuro de una forma responsable.
Después de lo dicho y lo citado supongo que entienden el frío que invade mi descampando intelectual.

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