dilluns, 15 de setembre de 2014

SOLO LA MUERTE PUDO CALLARLA



Me siento bien sabiendo que hay seres humanos que han desafinado ante la nota propuesta por los poderosos con su diapasón inexorable. Cada uno tiene sus héroes y esos son los míos. Además, me pone el fracaso. No creo ese combate desigual pueda acabar en final feliz, las fuerzas del orden (que para eso están) ejercen su función y reconducen a las buenas o a las malas al que se aparta de la manada.
Luchó contra el sistema económico opresivo que fomentaba la desigualdad, hablo del capitalismo. Luchó contra el país que se llena la boca de democracia pero que tuvo que optar por deportarla para silenciar sus postulados anarquistas. Luchó contra los bolcheviques por considerarlos tan peligrosos como los de la otra orilla, integristas y perpetuadores de la miseria del pueblo. Luchó contra el patriarcado y a favor del amor libre y de los derechos de la mujer a regular la concepción, fuente de todo dominio. Hablo de Emma Goldman.


El anarquismo es la única filosofía que aporta al hombre la conciencia de sí mismo, que sostiene que Dios, el Estado y la sociedad son inexistentes, que sus promesas son nulas y sin valor, ya que sólo pueden cumplirse a través de la subordinación del hombre

Y lo que más admiro de ella, es que al final de sus días, apartada en Saint-Tropez, alejada de donde podía hacer daño, de aquella multitudes enfervorizadas e hipnotizadas por su mensaje liberador pero que no se mojaron para conseguirlo, sola, honesta y revolucionaria, decidió abdicar de su vida y aceptar la estéril lucha por la revolución. 
La religión nos tritura (véase el fardo de la culpa cristiana y el integrismo islamista que rebana cuellos), el Estado nos aplasta (léanse las leyes del ínclito ministro de Interior, a su vez, ultracristiano), la sociedad nos encorseta con sus leyes invisibles. Emma Goldman vive en su olvido confortable pero sus ojos profundos nos siguen alumbrando hacia una radicalidad necesaria para escapar de la dictadura del poder. No gustan los extremismos a la manada dócil, prefieren las banderas que confunden la lucha y que dejan a los intocables en sus pedestales protegidos.

El significado de la anarquía ha sido interpretado como el estado de mayor desorden, es por que han enseñado a la gente que sus asuntos están regulados, que ellos son gobernados sabiamente, y que esa autoridad es una necesidad.

Me repugna cuando la Historia se subyuga al patriarcado y omite a las mujeres destacadas. Me repugna cuando la historia del pensamiento extravía sentencias tan valiosas como las que Goldman dejó en herencia a las mujeres que quieren luchar por sus derechos y por su diferencia.

Para que la mujer llegue a su verdadera emancipación debe dejar de lado las ridículas nociones de que ser amada, estar comprometida y ser madre, es sinónimo de estar esclavizada o subordinada.

Por si quieren saber más de esta anarquista irredenta les envío un regalo en forma de fuente secundaria.


Dejo para otro capítulo a su homónima española, Federica Montseny.

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