dilluns, 29 de setembre de 2014

SOCIEDAD NEURASTÉNICA



Noto a mi alrededor una enfermedad invisible. Manifiesta unos síntomas más agudos o más livianos pero cruza trasversalmente los cuerpos con los que me cruzo a diario. Una fatiga inexplicable, unas ganas de no hacer nada, un desánimo. Leyendo el libro de Barbara Ehrenreich Sonríe o muere. La trampa del pensamiento positivo, veo cierto paralelismo con lo que le sucedió a la sociedad americana a mediados del siglo XIX, fue invadida por una enfermedad nueva denominada neurastenia. Inicialmente se le atribuyó la culpa a la incapacidad de los sujetos a enfrentarse a los cambios y al crecimiento acelerado, una especie de estrés vintage. El problema es que no afectaba a las personas que estaban en primera líneas de actividad económica, al contrario, se cebó en las mujeres de clase media que entraron en una tierra de nadie pantanosa y paralizante. No tenían acceso a los estudios (machismo puro) y fueron privadas de actividades lucrativas que se podían ejercer en el ámbito doméstico y que fueron asimiladas por las fábricas. La falta de ilusión y la sensación de inutilidad colapsaron el sistema nervioso. La postración se volvió elegante, dijeron algunos coetáneos cargados de ironía. Era la única forma de sentirse especial, contraponiéndose a los valores calvinistas del trabajo, trabajo y trabajo. Mary Baker Eddy (creadora de la Ciencia Cristiana) y sobre todo de su heredero el psicólogo William James fueron los generadores de una corriente positiva de sanación que atenuó la epidemia. La enfermedad se convirtió en algo subjetivo que se generaba en la mente y que aterrizaba en el cuerpo. Los pensamientos positivos se convirtieron por arte de birlibirloque en aniquiladores de los agentes patógenos del pesimismo. Ehrenreich que destroza con su libro el negocio de la felicidad impostada por decreto optimista, considera que este movimiento sanador dejó dos herencias que fueron arrastradas a lo largo del siglo XX con efectos demoledores: 
a) Una forma despiadada de juzgar que dejaba la visión del pecado calvinista a la altura del betún, quién no era positivo había que excluirlo de la manada. Hasta fue recogido por el comunismo que purgó toda disidencia con el ostracismo siberiano
b) Un examen constante del yo interior provocador de las ideas negativas, alter ego del demonio pero con nuestro nombre y apellido. Ya saben de donde brotó el boom de la autoayuda y del coaching de todo a cien.

ÁLVARO SÁNCHEZ

La crisis económica mundial y la crisis de valores asociada a la aparición de unas tecnologías disruptivas ha sumido a la sociedad en una neoneurastenia peligrosísima. España está de lleno dentro de la espiral. El 50% de los jóvenes en edad productiva están dormitando en los sofás y con una bacteria que martillea su cerebro asegurándoles que no existe un futuro para ellos. La clase productiva ha perdido estatus económico y cree que nunca lo recuperará. Los ancianos andan atemorizados por el peligro de que no haya dinero para sus pensiones o que no puedan disfrutar de una sanidad gratuita en tiempo de desguace.
Miren el fin de semana y encontrarán a los nuevos sanadores. La bandera nacionalista (de uno y otro bando) y la beatificación del Álvaro del Portillo (100.000 asistentes que dan por fijo que curó a un muchacho en agosto de 2003 con un paro cardíaco de más de media hora y una hemorragia masiva). 
Los integrantes de los grandes ejércitos de salvación han empezado este lunes llenos de confianza y usted y yo, pobres desgraciados, combatiendo con tirachinas el desánimo galopante. Yo de momento he empezado por tomarme una píldora contra las tomaduras de pelo.

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