dilluns, 1 de setembre de 2014

UN VERANO SIN CALOR



Son los reyes de las pantallas. Ni los timos del pujolismo, ni las muertes de niños palestinos, ni los tanques rusos en territorio ucraniano, ni el ébola, ni los negros subidos en las vallas de la vergüenza, ni los cantos de sirena de la recuperación económica, ni los amantes de la hija de la Pantoja, ni los fichajes del Barça y del Madrid juntos, nastic de plastic. Los meteorólogos tienen tiempo (para explicar el tiempo) a espuertas en los informativos. Desde Finisterre hasta Gibraltar, las temperaturas máximas y mínimas, las estadísticas de todo el siglo, la pluviosidad por regiones, las marejadillas de la costa y el tiempo que hará en Europa durante la semana siguiente. Minutos y minutos subvencionados por cualquier multinacional de la energía.


Una verdad absoluta que se escondía en nuestra faltriquera intelectual era que el verano tiene que estar dominado por el sol y el calor. Es nuestro sino, el clima que nos corresponde así lo marca. Nuestros poros ya se disponen al látigo térmico y nuestros armarios menguan de volumen. Pero este año no. Ha llovido lo que no está en los escritos y en las playas tórridas de antaño se ha vivido en constante biruji. Y ya han empezado los agoreros a pronosticar y las conversaciones de ascensor a subirse de tono por culpa de lo imprevisible.
Y ya saben ustedes que el ovillo se empieza por una punta pero no se sabe por dónde puede acabarse. Si se ha torcido una creencia tan absoluta como la del verano qué no puede pasar con otras que pululan por la esfera de lo inamovible. No sé, yo si quieren les receto una andanada de mi amigo Federico.  

¿Qué es entonces la verdad? Un ejército móvil de metáforas, metonimias, antropomorfismos, en resumidas cuentas, una suma de relaciones humanas que han sido realzadas, extrapoladas, adornadas poética y retóricamente y que, después de un prolongado uso, a un pueblo le parecen fijas, canónicas, obligatorias: las verdades son ilusiones de las que se ha olvidado que lo son, metáforas que se han vuelto gastadas y sin fuerza sensible, monedas que han perdido su troquelado y no son ahora consideradas como monedas, sino como metal.

Friedrich Nietzsche. Sobre verdad y mentira en sentido extramoral.

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