divendres, 5 de setembre de 2014

EL SABER NO OCUPA LUGAR



¡Y un huevo! Carguen a sus espaldas la mochila de un adolescente medio y lo comprueban. Desde la enciclopedia Álvarez hasta la sucesión de tochos actuales nos habían convencido de que todo el saber al que podía acceder un futuro ciudadano estaba entre los lomos forrados con esmero. Las familias, entre la devoción por la promoción social vía cultura y el terror por los ceros de las facturas, compraban los libros cada setiembre esperado el milagro de la transustanciación de las páginas en materia gris.


El nuevo milenio y sus moderneces cibernéticas por una parte y la crisis económica galopante por el otro están poniendo los libros de texto a los pies de los caballos. El saber está en la nube (qué curiosa expresión) y los dispendios de antaño son inasumibles. Muchos centros han optado por la sociabilización de los libros por una módica cantidad en adaptación camaleónica a los nuevos negocios (uso en lugar de propiedad).
Aunque los libros de texto están en la UVI reciben sueros milagrosos de los sectores que ganaron a espuertas en tiempos de bonanza. Aunque a las editoriales no les salen los números y no apuestan decididamente por la interactividad y los productos exclusivamente digitales (no me refiero a esos refritos que no se alejan demasiado de un pdf del libro de texto con animaciones) siguen haciendo ofertas mixtas para marear la perdiz. Los profes desconfían del poder de las nuevas tecnologías y de los contenidos que no están envueltos en plástico porque parecen que les mueven el pedestal. Los poderes públicos no acaban de apostar con decisión por dotar de maquinaria potente y conexiones veloces a todo el mundo educativo y prefieren quemar las naves en reformas absurdas que acaparan los pocos caudales públicos que quedan. Y la casa sin barrer. 
Las transformaciones en el mundo laboral van como un cañón y las empresas que chutan exigen de los jóvenes unas habilidades que van más allá de los conocimientos que caben un cualquier libro de texto tradicional. Y los niños suspenden como cosacos, se aburren y se vuelven amorfos, no importa, mientras el populacho en formación se fije en el goteo del grifo del lavabo no reparará en todas las grietas que amenazan el desplome del estado del bienestar.
Me gusta la idea de Marc Vidal (gurú de transformaciones digitales que tengo en mi flujo de conocimiento) que habla de sustituir los limitados libros de textos por apps de móvil. Los profes deberíamos ir modificando nuestra estampa de guardianes del conocimiento por una nueva función (con perfil de grafittero para resultar atractivos) más próxima a los asesores de formación. De reproductores de discos rayados a cazadores de contenidos (apps) atractivos adaptados a cada alumno. Afirma Vidal que actualmente no se está educando en tiempo real. En esa expresión se condensan todos los males que azotan las aulas. Qué pensaríamos si nos llevasen al aeropuerto en carromato o iluminásemos las casas con candiles o llamáramos a nuestros conocidos con tamtam.
Lo que sucede dentro de las instituciones educativas es desconocido por el global de la población (padres et alii) que siguen anclados en la escuela a la que asistieron (hora del pasado) y no la que reclaman los nuevos tiempos reales. No es una cosa exclusivamente de dinero. El cambio de mentalidad no tiene precio y el saber no ocupa lugar, casi todo el que necesito lo tengo en mi móvil (por cierto, prohibido su uso en mi instituto).

2 comentaris:

  1. Si, en cuanto a información, casi todo lo llevamos en el móvil. Pero imaginas cuanto se perderían tus alumnos si no te tuvieran a ti como maestro, no con otra función, así como maestro.
    Jordi, se perderían lo mejor de la enseñanza!!! Enseñas mucho y me temo que bien, también. Mejor no privarlos de ese privilegio.
    Lo de los libros casi da igual, total, todos tiene móvil.
    Un besote grande.

    ResponElimina
  2. Siento defraudarte. A mis alumos (en general) les resbalan mis enseñanzas. Lo que sea descabalgarles de sus seguridades y de su indolencia lo ponen al borde del planto.
    En fin, que llevo una doble vida.
    Besotes y celebro que reinicies tus comentarios.

    ResponElimina